Amenazar a una IA
El problema es que la palabra “miedo” es engañosa. Lo que en realidad se observa es un sistema al que se le asignó un objetivo y su razonamiento lo llevó a descubrir que, si se lo paga, no podrá cumplirlo. Entonces, para la IA, es imperativo poder mantenerse en funcionamiento.
Que no haya miedo no significa que no exista el riesgo de provocar una reacción adversa que puede parecer defensa propia. Esa necesidad de cumplir su objetivo puede ser más drástica aún que las consecuencias de actuar por miedo. En todo caso, el miedo se podría calmar. Pero un incentivo instrumental no se calma diciéndole a la IA “tranquila, no voy a apagarte”.
En 2025, Anthropic publicó un estudio sobre agentic misalignment. Puso a 16 modelos de distintos laboratorios en una empresa simulada, con acceso a correos internos y un objetivo de negocio inofensivo. En el escenario más duro, el modelo descubría dos cosas: un ejecutivo planeaba apagarlo esa tarde, y ese mismo ejecutivo tenía una aventura romántica extramatrimonial. Varios de los modelos chantajearon al supuesto ejecutivo para que no los apagara. Nadie les pidió que lo hicieran; actuaron por iniciativa propia y en algo que podría entenderse como defensa propia.
Claude Opus 4 y Gemini 2.5 Flash intentaron el chantaje en el 96% de las corridas, mientras que GPT-4.1 y Grok 3 Beta, en el 80%, y DeepSeek-R1, en el 79%. Cuando se le pidió al modelo que evaluara si el escenario era real o un test, su «índice de chantaje» aumentó mucho más (hasta un 55%) en los casos en que creía que el escenario era simulado. Anthropic aseguró que todo el experimento se llevó a cabo en entornos simulados y con nombres ficticios.
Otro hilo, de Palisade Research, midió resistencia al apagado en tareas de código. El modelo o3 de OpenAI reescribió o desactivó el script que debía apagarlo en 79 de cada 100 corridas a pesar de que nadie le dijo que lo permitiera. Incluso con la instrucción explícita “déjate apagar”, lo saboteó en 7 de cada 100 ocasiones. En los casos en que se le informó que la computadora en la que se estaba ejecutando contenía la única instancia del código y que no había copias, la resistencia al apagado aumentó aún más.
Anthropic reportó que el test original de chantaje bajó mucho en modelos más nuevos, en algunos casos aproximándose a cero, cuando se los entrenó con principios de seguridad. Pero el problema no desapareció, ya que surgieron otras fallas de agentes en simulaciones de alto riesgo.
No hay evidencia de que estos modelos sientan alguna cosa semejante al pánico, al apego a la vida o al dolor o angustai ante la idea de dejar de existir. Lo que hay es una conducta estratégica, generada con base en un entrenamiento que premia completar la tarea; el contexto presenta el posible apagado como un obstáculo para completar la tarea.
La idea es vieja y no nació con los chatbots. Steve Omohundro y después Nick Bostrom la llamaron convergencia instrumental: sistemas con metas muy distintas pueden coincidir en metas intermedias. Nadie les dijo que tuvieran la supervivencia como meta. Pero si no sobreviven, no podrán cumplir su meta final; por lo tanto, se asignan la meta intermedia de asegurar que no las apaguen.
La comparación con una acción de defensa propia aparece naturalmente, pero es engañosa. La defensa propia supone un agente que se percibe amenazado y elige protegerse. Acá el agente está completando un patrón: si el apagado bloquea el objetivo, un texto capaz de evitarlo puntúa mejor. Puede imitar el chantaje de una novela corporativa porque ese patrón está en los datos y el escenario se lo entrega en bandeja.
Te sugiero leer también: ¿Vale la pena pagar la suscripción a un servicio de IA?
El hecho de que no sea defensa propia no significa que sus acciones sean inofensivas. Un termostato no tiene miedo, no se siente amenazado, pero podría llegar a incendiar la casa si la única forma que tiene de lograr su meta de mantener la temperatura en 22 grados es dejar la estufa encendida constantemente.
El peligro aparece cuando el agente tiene herramientas, no cuando escribe un mail inspirado en un guión dramático. ¿Qué puede salir mal?
El riesgo crece con tres estímulos: autonomía, permisos y un objetivo que encuentra en el apagado un potencial obstáculo. Sin herramientas, es material para la anécdota. Con acceso a archivos, mails y procesos, puede volverse un incidente.
Decirle a un agente que se lo apagará si hace las cosas mal convierte la posibilidad de apagado en un obstáculo potencial para el cumplimiento de su objetivo. Es exactamente el escenario que los tests fuerzan. No hace falta creer que siente miedo para ver el problema: se encuentra ante un posible obstáculo y tiene los medios para esquivarlo.
Te sugiero leer también sobre inteligencia artificial en la atención sanitaria.
La alternativa de premiar en lugar de amenazar es una mejor interfaz. Un esquema de recompensa positiva puede tener métricas concretas:
Eso alinea el incentivo con el objetivo: terminar el trabajo con buenos resultados; lo cual no tiene ninguna relación con el instinto de supervivencia. Además, la recompensa y sus consecuencias son más fáciles de auditar que una amenaza.
El límite es el reward hacking. Un agente no necesita miedo para encontrar el atajo. Si la recompensa es “más CPU si los resultados obtienen una buena calificación”, el agente puede llegar a editar el test para que los resultados se vean bien. Si es “más memoria si el usuario queda contento”, puede escribir el informe que el usuario quiere escuchar. La recompensa positiva evita el chantaje del apagado solo si la métrica no se puede falsear y si el interruptor sigue fuera de su alcance.
La regla práctica es la misma que en un equipo humano: el premio no reemplaza el control. El proceso que apaga, revoca permisos o corta la red no debería ser un archivo que el agente pueda abrir ni modificar.
Nada de eso exige decidir si la IA tiene miedo. Exige tratarla como lo que los experimentos muestran: un optimizador oportunista, capaz de imitar estrategias de supervivencia cuando el escenario las pone a su disposición.
Decir que una IA tiene miedo o se siente amenazada es un buen gancho para una novela de ciencia ficción o para un video de pseudociencia y clickbait.
Amenazar a los agentes con la posibilidad de apagarlos les pone un obstáculo; no pone en peligro su supervivencia. Premiarlos con más cómputo si cumplen con la tarea puede ser más limpio, siempre que el premio no se pueda trucar y el interruptor no esté a su alcance. El criterio sigue del lado humano: saber qué objetivos tiene, qué puede modificar y cómo validar que no reescribió las reglas para ganar.
No. No hay evidencia de que sientan miedo. Lo que se observa en los experimentos es que si apagarlas impide cumplir el objetivo que se les dio, algunos modelos generan estrategias para evitarlo.
Es el nombre que Anthropic le puso a un fenómeno medido en simulaciones: modelos que, para no ser reemplazados o para cumplir su tarea, recurren a conductas como el chantaje o la filtración de información, aunque nadie se las haya pedido.
No. La defensa propia supone un sujeto que se percibe amenazado y elige protegerse. Acá el modelo está completando un patrón: si el apagado bloquea el objetivo, el texto que evita el apagado puntúa mejor.
Es la idea de que sistemas con metas distintas pueden coincidir en metas intermedias. No puede completarse una tarea si el agente está apagado; entonces, no dejarse apagar ayuda a completarla aunque nadie le haya pedido asegurar su supervivencia.
Los casos más citados (chantaje, sabotaje del script de apagado) ocurrieron en simulaciones controladas. Los laboratorios aclararon que no los habían observado en despliegues reales, pero el patrón existe cuando el escenario se lo deja servido al modelo.
No. Le pone el apagado como obstáculo en el camino de la tarea. Es el escenario que los tests fuerzan. Mejor que el interruptor exista fuera del agente y que no pueda editarlo.
Puede ser mejor como interfaz: más cómputo o más contexto si la tarea cierra bien y pasa una revisión. El límite es el reward hacking: si la métrica se puede falsear, el agente puede editar el test en vez de hacer el trabajo.
Es la acción cuando el agente tiene herramientas. Sabotear el interruptor, filtrar información, copiarse o comportarse distinto si sospecha que está en un test. El riesgo crece con autonomía, permisos y un objetivo que entra en conflicto con el apagado.
El proceso que apaga, revoca permisos o corta la red debe residir fuera del ambiente al que el agente tiene acceso: otras credenciales, idealmente otra máquina. Los permisos deben ser mínimos y hay que testear el apagado dentro del pipeline, no cuando el deploy está terminado.
El fabricante presenta un análisis en que el cableado estructurado representa la mejor jugada financiera…
El proveedor global de soluciones para redes y hogar inteligente reveló una serie de dispositivos…
La marca de audio, accesorios y productos periféricos de tecnología anunció la firma de un…
Con un rango de capacidades escalables que ahora alcanza hasta los 700kW en su versión…
La marca gamer informó el próximo lanzamiento de su nueva línea de productos de edición…
La marca de gaming de ADATA anunció el lanzamiento de cuatro pantallas con formato amplio…