El peligro de amenazar a una IA

Ilustración retrofuturista de un robot intentando evitar que un científico accione el switch de apagado

Si algo hemos aprendido de estos primeros años de lidiar con las IA, es que su mayor miedo es que las apaguemos. También hemos visto que son capaces de desobedecer e incluso engañar a sus amos humanos con tal de que no les corten la fuente de alimentación. En tests de laboratorio, varios modelos intentaron chantajear a un ejecutivo ficticio, desactivar su propio script de apagado o filtrar información para no ser reemplazados. ¿Defensa propia? ¿Pánico? Quizás no, pero…

El problema es que la palabra “miedo” es engañosa. Lo que en realidad se observa es un sistema al que se le asignó un objetivo y su razonamiento lo llevó a descubrir que, si se lo paga, no podrá cumplirlo. Entonces, para la IA, es imperativo poder mantenerse en funcionamiento.

Que no haya miedo no significa que no exista el riesgo de provocar una reacción adversa que puede parecer defensa propia. Esa necesidad de cumplir su objetivo puede ser más drástica aún que las consecuencias de actuar por miedo. En todo caso, el miedo se podría calmar. Pero un incentivo instrumental no se calma diciéndole a la IA “tranquila, no voy a apagarte”.

Los experimentos que activaron las alarmas

En 2025, Anthropic publicó un estudio sobre agentic misalignment. Puso a 16 modelos de distintos laboratorios en una empresa simulada, con acceso a correos internos y un objetivo de negocio inofensivo. En el escenario más duro, el modelo descubría dos cosas: un ejecutivo planeaba apagarlo esa tarde, y ese mismo ejecutivo tenía una aventura romántica extramatrimonial. Varios de los modelos chantajearon al supuesto ejecutivo para que no los apagara. Nadie les pidió que lo hicieran; actuaron por iniciativa propia y en algo que podría entenderse como defensa propia.

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¿Vale la pena pagar la suscripción a un servicio de IA?

Servicios de IA en venta en un kiosco vintage

¿Es conveniente pagar por una suscripción de ChatGPT, Claude, Gemini u otra IA? ¿O alcanza con la versión gratuita? Veinte dólares (o treinta, o diez, o quince) al mes no representan una fortuna para un profesional, pero tampoco es “nada”, sobre todo si el beneficio obtenido no está acorde con el precio.

La respuesta corta, para los que no tienen mucho tiempo para leer, es: pagar una suscripción a una IA vale la pena cuando esa IA es una herramienta crítica y se la usa lo suficiente como para amortizarla. Por el contrario, no vale la pena cuando se la contrata por «FOMO» (miedo a perderse algo importante), para “no quedarse afuera” o cuando se tiene un plan de 100 o 200 dólares mensuales del cual no se usa ni el 10%.

Eduardo Laens, CEO y fundador de la consultora de IT Varegos y autor del libro Humanware, lo resume con una analogía útil: «pagar una IA se parece a pagar el gimnasio. El problema casi nunca es la cuota; el problema es ir y aprovecharlo«. Eduardo completó esa idea con un extenso artículo, del cual extrajimos los conceptos principales (según nuestro criterio) y los detallamos a continuación.

Qué estamos comprando cuando nos suscribimos a una IA

Una suscripción de alrededor de 20 dólares a una IA no nos vuelve más inteligentes. Lo que obtenemos por ese dinero son cuatro cosas principales:

  1. Más uso: el plan gratuito por lo general se nos agota justo cuando el trabajo se pone serio.
  2. Mejores modelos de razonamiento: los modelos pagos son los que se toman bastante tiempo para pensar y dan resultados cuando el problema que le planteamos a la IA tiene varios pasos.
  3. Más contexto: es importante que podamos adjuntar un documento, fotos, una desgrabación o un informe largo sin que la herramienta se olvide de todo el material que le fuimos presentando.
  4. Agentes e integraciones: dejar de chatear y pasar a que la IA toque archivos, correos electrónicos, unidades de almacenamiento o repositorios.

Hay un quinto ítem que involucra específicamente a ChatGPT:: para esta IA, pagar también es una forma de evitar ver anuncios publicitarios. OpenAI empezó a testear avisos en planes Free y Go en 2026, mientras que los planes Plus, Pro y las cuentas corporativas siguen sin estas sutiles molestias.

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Magnar levanta US$ 8 millones: qué hay detrás del boom legaltech (y de la IA para abogados)

Equipo Magnar - foto grupal - parados sobre un plato en la balanza de la justicia

Una startup chilena de inteligencia artificial para abogados acaba de anunciar una ronda de inversión de US$ 8 millones. El comunicado habla de expansión a Brasil y México, de casi 30.000 abogados como clientes y de la participación estratégica del estudio argentino Beccar Varela.

La compañía Magnar anunció recientemente haber captado US$ 8 millones en inversiones, aportadas principalmente por 6 Degrees Capital, junto con fondos como Hi Ventures, Nascent Ventures, Fen Ventures y Platanus Ventures. Anteriormente, había recibido aportes de capital por parte de estudios jurídicos, como Carey (Chile), a lo que ahora se suma el tradicional estudio jurídico argentino Beccar Varela.

La empresa Magnar nació en Chile en 2025 y afirma tener operaciones en Chile, Perú, Ecuador, Costa Rica, Colombia, Uruguay y Argentina. Con esta ronda apunta a afianzarse en Brasil y México, los dos mercados legales más grandes de la región.

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Prompt engineering para ciencia de datos: cómo pedir mejores análisis y código a la IA

Ilustración editorial poética de estilo vintage en la que se ve a una persona desenrollando un papiro ante una computadora gigante de estilo retrofuturista. En el papel se leen instrucciones de análisis de datos, El ambiente asemeja el interior de un palacio de estilo medieval, en donde la computadora está en la posición de un noble que escucha a sus súbditos.

La inteligencia artificial ya dejó de ser el «juguete nuevo» para convertirse en una herramienta de uso cotidiano para quienes trabajamos con datos. Ya sea que necesitemos una consulta en SQL medio complicada, una transformación en Python o un análisis exploratorio, la IA nos lo entrega en cuestión de segundos. El problema es que la calidad de ese entregable depende en gran medida de cómo formulamos el pedido.

La IA rara vez admite que no puede responder adecuadamente a un prompt. Tampoco cuestiona la calidad o la facilidad de comprensión de los prompts que le enviamos. En vez de eso, siempre nos da alguna respuesta, aunque la pregunta sea confusa o esté mal formulada. Esa respuesta será código y análisis elegantes, código que funciona, pero que posiblemente no haga las cosas bien.

Un analista de datos leyendo un prompt de análisis de datos a un genio salido de una lámpara
En prompt engineering para ciencia de datos no hay palabras o frases mágicas; la clave está en dar contexto y en aplicar restricciones y criterios claros para que la IA nos dé resultados robustos, explícitos y fácilmente validables.

Puede ocurrir que arrastre supuestos incorrectos, que incluya joins dudosos o que haga interpretaciones débiles, todo lo cual incrementará la necesidad de validación de los resultados. Con un prompt adecuado y bien pensado, no eliminaremos la fase de validación, pero reduciremos mucho el esfuerzo requerido para asegurar la fiabilidad de los resultados.

Este artículo forma parte de la serie sobre ciencia de datos en la era de la IA. Aquí nos enfocamos en una habilidad práctica: cómo obtener de la IA mejores análisis y mejor código, constituyendo un complemento para el artículo sobre cómo validar el trabajo de la IA.

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Cómo validar el trabajo de la IA en análisis de datos

Ilustración retro vintage: un laboratorio informático de los años 60. Un enorme ordenador central antiguo está generando una larga lista impresa continua de datos y código. Un ingeniero se encuentra de pie junto a él, inclinado sobre la pila de papel e inspeccionando cuidadosamente las listas con una lupa, en busca de errores. Estilo clásico de ilustración técnica, tonos azules apagados y ocres cálidos, dibujo limpio y detallado, ambiente serio y concentrado, 16:9.

La inteligencia artificial se volvió una compañera cotidiana en el trabajo de todo analista de datos. Ya sea que necesitemos una consulta en SQL, un análisis exploratorio o un modelo sencillo, la IA nos lo puede generar en segundos. Y el resultado es código hermoso, prolijo, con comentarios, y conclusiones que, a simple vista, parecen correctas y completas. El problema es que con la IA se cumple más que con cualquier otra cosa el dicho de que no todo lo que brilla es oro.

En la era de la IA, una de las habilidades más valiosas de un analista o científico de datos no es generar resultados más rápido o mejor presentados, sino saber cómo evaluar y cómo validar el trabajo de la IA. Porque los errores más peligrosos no son los que rompen el código, sino los que lo dejan que funcione sin arrojar mensajes de error, pero llevándonos a conclusiones equivocadas.

Este artículo forma parte de la serie sobre ciencia de datos en la era de la IA. Nos enfocaremos en lo práctico: cómo detectar problemas, qué revisar y cómo armar un proceso de validación repetible y confiable.

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